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Mario PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
06.03.2006
Todavía me acuerdo de cuando te sentaste a mi lado en aquella clase de 1º de BUP, allí nos conocimos. Recuerdo a un chico tímido, reservado, y con algo especial que te hacía diferente a los demás. Enseguida empezamos a compartir recreos y deberes, hasta que un día te conté que estaba apuntado a un grupo Scout, el Nord-Jamb, y te viniste a un campamento que preparamos en Semana Santa, desde entonces nos hicimos inseparables.



 
Cumbre de la Galana en Enero de 1998

 
No se si será porque todo es nuevo, por lo que descubres cada día, o simplemente por la forma de ver el mundo pero las cosas que vives con esa edad te marcan para siempre. Fueron unos años inolvidables, años en los que aprendimos que la amistad es el mejor regalo que te pueden hacer y que la vida se ve de otra manera desde la cima de una montaña. Sobretodo recuerdo cuando fuimos a los Picos de Europa y vimos el Naranjo de Bulnes por primera vez, era enorme. Se podían ver varias cordadas escalando su cara oeste y nos parecieron héroes que probaban su valor enfrentándose a un gigante, y unos pocos años después, tu serías uno de ellos. También fuimos a los Pirineos, eran las montañas más altas que habíamos visto, cumbres que incluso durante el verano permanecían nevadas. Luego quisiste ir un poco más allá, me dijiste que ibas a hacer un curso de escalada en Benasque y que a la vuelta me enseñarías todo lo que aprendieses. ¿Te acuerdas de la primera vez que fuimos juntos a escalar?, fue en Patones, en las vías que hay cerca de la presa, ¿y de mi primera vía?, cuando estaba a dos metros del suelo te dije que me bajases, si no hubiera sido por las voces que me diste no la hubiera terminado. Desde entonces ya no miraríamos las montañas de la misma manera, lo que antes nos parecía imposible de repente dejó de serlo. Se abrían ante nosotros puertas que daban a nuevas experiencias, nuevas sensaciones que hacían vivir la vida de una manera más intensa y más plena. Así pasamos de tener la montaña bajo los pies a tenerla de frente, ahora además de notarla con la suela de las botas podíamos sentirla con todo el cuerpo. Luego llegó la nieve. Ese manto blanco y frío convierte a las montañas en el mayor espectáculo que se puede contemplar y las hace irresistibles. Escalamos el Almanzor un gélido fin de semana de enero, eran otros tiempos, llevábamos solo dos piolets para los cuatro, y tu subiste en vaqueros... luego la Galana, el Posets y las afiladas agujas de los Galayos. Fueron días intensos y llenos de magia en los que apenas podíamos luchar contra el frío con nuestras botas de treking y los sacos ligeros de verano. Así descubrimos la montaña en su estado más salvaje y nos dimos cuenta que el invierno a pesar de traernos los días más cortos también nos regala los cielos más puros y bonitos. Luego llegó el momento en el que nos sentimos preparados para ir a los Alpes. Ahora parece una locura pero entonces pensamos que no podíamos hacer nada mejor esas navidades. Alquilamos un coche y pusimos rumbo a Chamonix. Después de un viaje agotador en el que conocimos el encanto de los pueblos alpinos en navidad y los inconvenientes de la nieve en la carretera a partes iguales, por fin se alzaban ante nosotros desafiantes e inexpugnables algunas de las montañas más legendarias de los Alpes. Desde el primer momento supimos que nos encontrábamos ante el escenario perfecto para crecer como montañeros y también como personas, un terreno de aventura ideal donde poder cumplir nuestros mejores sueños. Tengo muchos recuerdos de ese viaje pero hay uno muy especial, nunca olvidaré tu cara la primera vez que viste el Mont Blanc. Siempre hay una primera vez para todo, es única, irrepetible, y lo que vives y con quien lo vives ya no se puede olvidar nunca. Si es cierto que la cara es el espejo del alma tu eras la persona más feliz de la tierra. Así, casi sin darnos cuenta fueron pasando los años, y vinieron más escaladas, más cumbres, pero lo más importante es que seguimos juntos. Solo alguien que lo haya vivido puede llegar a comprender la relación tan sincera e inquebrantable que surge entre dos personas después de compartir todo esto, momentos buenos y malos donde sabes que tu compañero nunca te va a fallar. Confianza plena en el otro, generosidad sin límites, es la amistad en su estado más puro. Me siento muy afortunado, no cambiaría ni un solo instante de los que hemos vivido juntos por nada. Compañero, ya sabes que siempre estaré contigo, vayas donde vayas.



Última modificación ( 06.03.2006 )